¿Por qué escribo?

Texto original aquí.

La primera vez que me hicieron esta pregunta no me tomó ni un segundo responder. Era fácil para mi decir que escribía porque era algo que me apasionaba. Sí, me apasiona, pero no es sólo eso por lo que escribo.

La segunda vez que me hicieron esta pregunta ya me costó más trabajo contestarla, porque yo pensaba que tal vez escribía porque me apasionaba y, además, me ayudaba a desahogarme. (En ese entonces no era feliz sino todo lo contrario. Estaba en sufrimiento.)

La tercera vez que me hicieron esta pregunta, y esta vez yo misma me hice la pregunta en este momento, creo tener una respuesta bastante más elaborada. Ya no sólo es porque me apasiona y me ayuda a sacar mis penas. Ahora sé que escribo por pasión y desahogo, acompañado de una vez dentro de mí que nunca se queda callada. Es una voz de protesta, una voz de impotencia e incertidumbre. Ésta es una voz que quiere gritar que se siente inconforme con el mundo en el que vive pero no le salen las palabras por la boca, por eso se deja escribir.

Escribo porque sé que hay muchas cosas que decir y hay mucha gente que quiere escucharlas. Tengo tanto que escribir, tanto que hacerle saber al mundo que tenemos que cambiar el trayecto de la historia y sólo hay una forma de hacerlo: alzar la voz.

Así que, la tercera vez que me preguntaron porque escribo, con un nudo en la garganta, dije: escribo porque me apasiona, me ayuda a desahogarme y en esta guerra, en este mundo de caos, escribir es la única arma con la que puedo defenderme.

Anuncios

Introducción

Mis papás me educaron para ser una mujer capaz de moverse por el mundo sin problemas pero el tiempo y el mundo por si sólo me forzó a educarme de manera que pudiera ser una mujer capaz de afrontar los problemas con carácter fuerte y dominante. Me enseñó a ser una mujer líder, a no tener temor a dar mi opinión acerca de las cosas y exigir respeto hacia esa opinión sin llegar a ser imposible de mantener un diálogo o un debate.

Me considero una mujer completa por si sola. Lo único que necesito es conocerme a mí y al mundo que me rodea. Estar sola no me hace sentir sola, al contrario, me hace sentir libre y responsable de mi propia vida y de mis propias decisiones. Ser independiente me parece un placer más que una obligación de adultos. No creo que las mujeres seamos mejores que los hombres ni viceversa. Al contrario, pienso que juntos, como uno solo, somos capaces de hacer mejores cosas. Ya que la perspectiva de ambos géneros es diferente y nunca está de más tener una perspectiva diferente de las cosas.

No soy una mujer sumisa, nunca diré que sí a algo con lo que no estoy de acuerdo y tampoco diré que no cuando quiera decir que sí. No me importa que exista gente con opiniones diferentes que yo, cuando creo en algo es muy difícil que yo cambie. No me gusta decir que me equivoqué, pero si estoy incorrecta acepto la responsabilidad de mis errores. Creo que podría ser la mujer ideal para cualquier hombre y eso no me hace una mamona sino consciente de mis cualidades y mis defectos. La mujer ideal no necesariamente es perfecta, no lo vean así. Sé que no soy perfecta y tampoco busco la perfección pero sí lo más cercano. Y la perfección para mi es ser yo misma y ser respetada por eso. Por eso decidí que quería ser feminista.

Decidí que el feminismo para mí es más que una postura, es una forma de vida. No voy por la calle pensando que merezco pasar primero en el macrobús porque soy mujer y un hombre debe ser caballeroso. No pienso de esa forma. Sí, me pueden abrir la puerta y me sentiré respetada y consentida. No obstante, yo puedo hacer lo mismo y no por eso soy sumisa o la esclava de alguien más. Las mujeres también podemos ser caballerosas y eso ni siquiera debería llamarse caballerosidad, es simplemente respeto.

Esto es sólo un poco de mi opinión acerca del movimiento feminista. Me falta bastante que leer y mucho por informarme, esto es poco de todo lo que planeo escribir acerca del tema. Una probadita de lo que pienso.

Su lucha es mi lucha también

Leyendo un texto de milenio.com sobre la indignación de una estudiante de intercambio al darse cuenta que los mexicanos ya creemos que es “normal” que estas cosas pasen, me di cuenta que me duele México tanto como a ella le duele nuestro país.

Ella estaba tan molesta como yo, tan indignada como yo, tan triste como yo porque siendo francesa vino a sufrir por atentados a gente inocente. Cuando nosotros, los mexicanos, vemos las noticias o leemos el periódico y mejor le cambiamos a “algo más feliz” porque en las noticias pasan siempre lo mismo, porque ya es normal.

No creí que gente entre mis conocidos y amigos pensara de esa manera pero la verdad es que muy pocos se informan y aún son menos los que se interesan. No se que es peor, no saber que pasa o saber y decir que no hay nada que hacer. Claro que no todos podemos ir a Guerrero y exigir al gobierno que haga algo. O a los ciudadanos de Ayotzinapa que empiecen el movimiento, que ya empezó, y los lleven a todo México.

Luego, les digo esto y les molesta. Me contestan, es que, entiende, ya van muchos años así. No va a cambiar nada. Pero no, yo no estoy conforme. ¿Acaso no decíamos que hay que exigir libertad de expresión y nuestros derechos humanos? Todos somos mexicanos y sí, es verdad que yo no tengo las mismas posturas que los estudiantes normalistas pero defiendo a mi país porque quiero y porque puedo. Y mientras siga viva lo haré, le pese a quien le pese.