Su lucha es mi lucha también

Leyendo un texto de milenio.com sobre la indignación de una estudiante de intercambio al darse cuenta que los mexicanos ya creemos que es “normal” que estas cosas pasen, me di cuenta que me duele México tanto como a ella le duele nuestro país.

Ella estaba tan molesta como yo, tan indignada como yo, tan triste como yo porque siendo francesa vino a sufrir por atentados a gente inocente. Cuando nosotros, los mexicanos, vemos las noticias o leemos el periódico y mejor le cambiamos a “algo más feliz” porque en las noticias pasan siempre lo mismo, porque ya es normal.

No creí que gente entre mis conocidos y amigos pensara de esa manera pero la verdad es que muy pocos se informan y aún son menos los que se interesan. No se que es peor, no saber que pasa o saber y decir que no hay nada que hacer. Claro que no todos podemos ir a Guerrero y exigir al gobierno que haga algo. O a los ciudadanos de Ayotzinapa que empiecen el movimiento, que ya empezó, y los lleven a todo México.

Luego, les digo esto y les molesta. Me contestan, es que, entiende, ya van muchos años así. No va a cambiar nada. Pero no, yo no estoy conforme. ¿Acaso no decíamos que hay que exigir libertad de expresión y nuestros derechos humanos? Todos somos mexicanos y sí, es verdad que yo no tengo las mismas posturas que los estudiantes normalistas pero defiendo a mi país porque quiero y porque puedo. Y mientras siga viva lo haré, le pese a quien le pese.

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Alzar la voz

Texto original en La Pulquería

26 de septiembre de 2014 – 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, Guerrero desaparecidos.

8 de octubre de 2014 – Marchas nacionales e internacionales en apoyo a los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa.

Bien dicen que para escribir un libro hay que saber leer primero muchos más y para entender cómo expresarse primero hay que estudiar los libros que se han leído. Los escritores no estudiamos memorizando teoría, estudiamos leyendo, analizando, comprendiendo, aportando ideas, absorbiendo hechos históricos y movilizándonos para hacer algo al respecto de otra cosa. Los escritores nos formamos en las calles, viendo el dolor, sufriendo por las injusticias, no sintiéndonos conformes, dando nuestra opinión y nuestro punto de vista ante cualquier tema o situación que sea de nuestro interés. Nos creamos al no aceptar un “no” por respuesta, ni un “no sé” y, mucho menos, un “porque sí”.

Los libros nos sirven para abrirnos los ojos a la escritura y a la literatura pero la vida es la que nos sirve para tener algo de qué escribir, algo por lo cual escribir. No todo se trata de ficciones. No todo se trata de la imaginación. Sí, claro que ser creativo e imaginativo es una cualidad sumamente importante a la hora de escribir. Sin embargo, no ignorar la realidad nos ayuda a alcanzar una empatía adicional en nuestros textos.

Hoy no escribo con la misma emoción con la que normalmente escribo estos ensayos. Hoy estoy llorando por dentro, porque hay gente que no quiere ver que la vida sí es injusta y que no “se lo buscaron” y que nosotros, que podemos, debemos hacer algo para hacer de este mundo de muertos en vida un lugar menos arriesgado, menos triste, para las generaciones que vienen. Me siento viviendo en libros de sociedades distópicas con un Gobierno que promete una utopía. (Ellos sí viven en un mundo color de rosa mientras nosotros, los civiles, el pueblo, sufrimos las consecuencias de sus excesos, de su supuesta utopía.) Siempre diciendo que buscan el bien del pueblo, acabar con la guerra contra el narcotráfico sin seguir matando gente inocente. Reitero: no todo se trata de ficción.

No todos los libros narran historias ficticias y si lo hacen, varios, buscan un acercamiento con la realidad. Tantos libros he leído yo sobre sociedades distópicas que en su momento no quise prestar atención. Ahora, viendo los acontecimientos recientes que someten a mi México, no me queda de otra más que releer y analizar. Estos libros fueron escritos en el pasado con el fin de expresar una idea de lo que sería el futuro, o sea, mi presente. En aquel momento no me lo creí o no me lo quise creer. No obstante, está implícito que si queremos lograr cambiar la seguridad en México hay que levantarnos, hay que alzar la voz.

Presiento que este sólo es el inicio de un nuevo libro de México. Ya no sólo va a ser “2 de octubre, no se olvida”, ni “La Noche de Tlatelolco”. Ahora vamos a escribir de “Vivos se los llevaron, vivos los queremos” y “La paz no se escribe con letras de sangre”. Volveré a repetir, no todo se trata de ficción. Muchos escritores han escrito con el propósito de informar, de cierta forma, lo que realmente ocurría o está ocurriendo en el mundo. Existen novelas históricas que dejan ver varios destellos de la realidad, de lo que pasaba en años anteriores en nuestro país o en todo el mundo. Este tipo de lecturas son de suma importancia ahora que lo que, según yo, sólo pasaba en las películas, está ocurriendo a unos 611km de distancia de donde yo estoy. Ahora que gente de mi edad, estudiantes que pudieron haber sido, mis compañeros, mis amigos, mis conocidos, están desaparecidos y hay gente culpable que está libre.

Ya no es un tema secreto, ya todos lo sabemos. Sabemos quiénes son los culpables. Preguntamos el por qué y nadie nos lo dice. Entonces organizamos marchas para demostrar nuestra inconformidad y nuestro apoyo a los que están sufriendo la desaparición y muerte de gente inocente. Yo, como escritora, demuestro mi apoyo escribiendo, leyendo, informándome. Yo, como civil, demuestro mi inconformidad buscando respuestas, invitando al movimiento. Yo, como estudiante, demuestro que aun siendo joven, soy el futuro de México y merezco derecho y respeto y libertad de expresión.

No hay en los libros sólo ficción y no sólo de la ficción nace la literatura. Ahora se trata de dar a conocer, de nuevo, a los mexicanos y al mundo que en nuestras manos está que las cosas mejoren. El gobierno podrá tener el control de algunos, pero somos más los inconformes. Ayer hubo una marcha nacional e internacional por la desaparición de 43 estudiantes normalistas en Ayotzinapa, Guerrero y hoy yo me atreví a escribir este texto que, aunque no signifique mucho ni vaya a cambiar al mundo, busca lograr que muchos más alcen la voz.